El otro día entré en Zara Home. Me cautivó. Me lo habría llevado todo. Los colores, los diseños... era todo tan bonito, tan cálido. Mi hogar es mi refugio, y me encanta que esté bonito, actual, cómodo y acogedor. Por eso la decoración de la casa me gusta. Y tengo tentaciones por todas partes, porque está de moda.
Es casi imposible no comprar cada día alguna chorradilla para la casa. Y se corre el riesgo, como en mi caso, de empezar a llenarla de demasiadas cosas.
Por eso me ha entrado un ataque de limpieza y he decidido deshacerme de todo aquello que sea inservible. Ahora bien, ¿es que hay algo inservible? Categoricamente, NO. A todo le encuentro utilidad. Y a aquello que no se la encuentro me entran remordimientos porque son recuerdos. Es como si cobraran vida y me miraran con ojitos tiernos rogándome que les siga acogiendo. ¿Conclusión? Me da miedo que mi casa empiece a parecer la un enfermo con el "Síndrome de Diógenes".
Se me ocurre que ahora que estamos en tiempos de crisis y parece ser que toca reinventarse en el terreno laboral propongo un negocio a algún valiente emprendedor: una empresa de vaciado de basurillas en el hogar. Los empleados responsables de esta tarea deben carecer de sentimientos y actuar firmemente, sin atender a los sollozos y súplicas de los clientes. Sin piedad, sin corazón, sin miedo al futuro. Así debería ser el perfil de los trabajadores de tan necesario servicio.
A lo largo del día, todos somos testigos de momentos que llaman nuestra atención y que nos hacen reír, indignarnos, sonreír, empatizar...
miércoles, 26 de marzo de 2014
martes, 25 de marzo de 2014
R.I.P, Suárez
Dicen que "Dios nos libre del día de las alabanzas" y estos días he constatado la verdad que encierra esta frase. Suárez ha muerto. Paradójicamente su muerte ha servido para "revivirle".
Realmente siento su fallecimiento. He llorado por él. Me da mucha pena porque era de la familia. Mi padre es como Antonio Alcántara, un incondicional de Suárez. Yo, al igual que María, la hija pequeña de los Alcántara, crecí viendo a Suárez a través de los ojos de mi padre. Cuando tuve edad de ser crítica y tener mis propias ideas políticas seguí apreciando la labor del abulense en la democracia española.
No tuvo una tarea fácil. Era un hombre de centro y estaba en el medio de todo. Mal lugar para vivir con tranquilidad. Estar en el centro es casi como estar en el limbo. Se recibe caña por todas partes y más en un momento histórico como el que le toco lidiar: llevar a España a la democracia, ahí es nada.
Sacar a un país de una dictadura es una tarea colosal, una odisea. La exaltación de los sentimientos y los recuerdos de vivencias pasadas no hacen fácil el mirar al futuro aparcando rencores y practicar el perdón. Todo lo contrario. Por eso creo que tuvo tanto mérito.
Le admiro profundamente. Yo, que ante un pequeño incidente doméstico puedo pasarme la noche sin dormir, no alcanzo a comprender qué haría este hombre para conciliar el sueño y mantener la sonrisa con todos los Miuras que tuvo que torear. ¿Cómo era capaz de asumir las críticas, unas constructivas y otras no, y no perder el entusiasmo ni su ruta de trabajo?
Suárez es una figura de ciencia ficción. Me refiero a que realmente no le conocemos. Salía en la tele, hablaba por la radio y se leía sobre él en periódicos y revistas, pero eso no significa que le conozcas. Sin embargo, a muchos nos caía bien. Nos daba buenas vibraciones.
Yo, que a veces pienso que soy un poco Forrest Gump (no mentalmente, pero sí en cuanto a que por casualidades de la vida me he visto envuelta en situaciones de película y es como si me hubieran metido allí con una técnica digital) conocí personalmente a Suárez. Sí, puedo unirme al grupo de los pedorros que estos días presumen de haber estrechado la mano del presidente.
Fue un encuentro breve y no diré que fortuito porque fui a por él. Yo era una entusiasta estudiante de periodismo y él daba una conferencia en la facultad. Al término de la charla los catedráticos le escoltaban y yo, siguiendo las enseñanzas de uno de mis profesores me dirigí a mi presa haciendo caso omiso a las manos que trataban de frenarme. Mi objetivo era claro: transmitirle la admiración y el apoyo de mi padre.
Con un poco de timidez provocada por la vergüenza que me realmente me daba mi actuación, pero con bastante energía propiciada por las ganas que tenía de conocerle y hablar unos segundos con un personaje histórico, le toqué en el brazo. Fue un instante que ha quedado grabado en mi memoria para siempre.
Lo primero que sentí fue el tacto de la chaqueta. Era áspero. Me pilló por sorpresa, me esperaba un género suave correspondiente a un traje caro "digno" de un expresidente. Pues no. Al fijarme más en detalle me di cuenta que era modesto y austero, casi diría que de la época de la Transición, como los que aún se ponía mi padre, en buen uso pero con unos años. "Carácter castellano y herencia de posguerra hasta en los detalles de la vestimenta, igual que papá", pensé.
Al sentir mi mano, se dio la vuelta para ver quién detenía su marcha. Me encontré con una mirada limpia, profunda, inteligente y curiosa. No estaba enfadado, ni fastidiado por mi atrevimiento. Me obsequió con una amplísima sonrisa y terminó de conquistarme. Se paró haciendo caso omiso a los docentes que le instaban a seguir. Me dio la mano y dos besos y pude darle mi mensaje, que agradeció con un asentimiento de cabeza justo antes de que un enjambre de periodistas en ejercicio me apartaran y casi me fulminaran para brearle a preguntas sobre la reciente victoria de José María Aznar en las urnas.
Separada ya de él, vi como amablemente capeó el temporal y respondió educada y comedidamente todas las cuestiones que le plantearon.
Allí quedó, congelado en mi memoria. Y así me gusta pensar en él. Puedo prometer y prometo que es uno de los momentos de mi vida que recuerdo con más orgullo.
Sé que no le conozco. Pocos le conocieron realmente, como a todos. Solo nuestro entorno cercano sabe cómo somos realmente. Me gusta tenerle idealizado. Como mucha gente, estoy tremendamente desencantada con políticos y figuras públicas. Por eso necesito "creer" en alguien, por eso estoy feliz de haberle conocido sólo de pasada, lo justo para confirmar mis impresiones subjetivas y no llevarme una decepción... aunque mi corazón me dice que Suárez no era de los que defraudaban.
Realmente siento su fallecimiento. He llorado por él. Me da mucha pena porque era de la familia. Mi padre es como Antonio Alcántara, un incondicional de Suárez. Yo, al igual que María, la hija pequeña de los Alcántara, crecí viendo a Suárez a través de los ojos de mi padre. Cuando tuve edad de ser crítica y tener mis propias ideas políticas seguí apreciando la labor del abulense en la democracia española.
No tuvo una tarea fácil. Era un hombre de centro y estaba en el medio de todo. Mal lugar para vivir con tranquilidad. Estar en el centro es casi como estar en el limbo. Se recibe caña por todas partes y más en un momento histórico como el que le toco lidiar: llevar a España a la democracia, ahí es nada.
Sacar a un país de una dictadura es una tarea colosal, una odisea. La exaltación de los sentimientos y los recuerdos de vivencias pasadas no hacen fácil el mirar al futuro aparcando rencores y practicar el perdón. Todo lo contrario. Por eso creo que tuvo tanto mérito.
Le admiro profundamente. Yo, que ante un pequeño incidente doméstico puedo pasarme la noche sin dormir, no alcanzo a comprender qué haría este hombre para conciliar el sueño y mantener la sonrisa con todos los Miuras que tuvo que torear. ¿Cómo era capaz de asumir las críticas, unas constructivas y otras no, y no perder el entusiasmo ni su ruta de trabajo?
Suárez es una figura de ciencia ficción. Me refiero a que realmente no le conocemos. Salía en la tele, hablaba por la radio y se leía sobre él en periódicos y revistas, pero eso no significa que le conozcas. Sin embargo, a muchos nos caía bien. Nos daba buenas vibraciones.
Yo, que a veces pienso que soy un poco Forrest Gump (no mentalmente, pero sí en cuanto a que por casualidades de la vida me he visto envuelta en situaciones de película y es como si me hubieran metido allí con una técnica digital) conocí personalmente a Suárez. Sí, puedo unirme al grupo de los pedorros que estos días presumen de haber estrechado la mano del presidente.
Fue un encuentro breve y no diré que fortuito porque fui a por él. Yo era una entusiasta estudiante de periodismo y él daba una conferencia en la facultad. Al término de la charla los catedráticos le escoltaban y yo, siguiendo las enseñanzas de uno de mis profesores me dirigí a mi presa haciendo caso omiso a las manos que trataban de frenarme. Mi objetivo era claro: transmitirle la admiración y el apoyo de mi padre.
Con un poco de timidez provocada por la vergüenza que me realmente me daba mi actuación, pero con bastante energía propiciada por las ganas que tenía de conocerle y hablar unos segundos con un personaje histórico, le toqué en el brazo. Fue un instante que ha quedado grabado en mi memoria para siempre.
Lo primero que sentí fue el tacto de la chaqueta. Era áspero. Me pilló por sorpresa, me esperaba un género suave correspondiente a un traje caro "digno" de un expresidente. Pues no. Al fijarme más en detalle me di cuenta que era modesto y austero, casi diría que de la época de la Transición, como los que aún se ponía mi padre, en buen uso pero con unos años. "Carácter castellano y herencia de posguerra hasta en los detalles de la vestimenta, igual que papá", pensé.
Al sentir mi mano, se dio la vuelta para ver quién detenía su marcha. Me encontré con una mirada limpia, profunda, inteligente y curiosa. No estaba enfadado, ni fastidiado por mi atrevimiento. Me obsequió con una amplísima sonrisa y terminó de conquistarme. Se paró haciendo caso omiso a los docentes que le instaban a seguir. Me dio la mano y dos besos y pude darle mi mensaje, que agradeció con un asentimiento de cabeza justo antes de que un enjambre de periodistas en ejercicio me apartaran y casi me fulminaran para brearle a preguntas sobre la reciente victoria de José María Aznar en las urnas.
Separada ya de él, vi como amablemente capeó el temporal y respondió educada y comedidamente todas las cuestiones que le plantearon.
Allí quedó, congelado en mi memoria. Y así me gusta pensar en él. Puedo prometer y prometo que es uno de los momentos de mi vida que recuerdo con más orgullo.
Sé que no le conozco. Pocos le conocieron realmente, como a todos. Solo nuestro entorno cercano sabe cómo somos realmente. Me gusta tenerle idealizado. Como mucha gente, estoy tremendamente desencantada con políticos y figuras públicas. Por eso necesito "creer" en alguien, por eso estoy feliz de haberle conocido sólo de pasada, lo justo para confirmar mis impresiones subjetivas y no llevarme una decepción... aunque mi corazón me dice que Suárez no era de los que defraudaban.
viernes, 21 de marzo de 2014
Vienen con una tablet bajo el brazo
Así es. Ahora los niños no vienen con un pan, traen un dispositivo digital. Puede ser una tablet, un iPad, un móvil Android o un iPhone, lo que sea, pero nada de trigo, electrónica pura y dura. Sus pequeños deditos aprenden a arrastrarse por las pantallas táctiles antes que escenificar Los Cinco Lobitos.
En el parque, en una cafetería, sentados en un banco en la calle... ves bebés que no han aprendido aún a andar, pero que miran fascinados vídeos de YouTube. Es indiscutible que cada niño tiene sus aficiones y sus habilidades muy marcadas, y que no a todos les gusta el Universo tecnológico. Mis dos hijas son muy distintas. La mayor es igual que yo, prefiere un papel y un rotulador y es bastante torpe con todo lo que huele a instrumento mecanizado. Pero la pequeña... ¡ah!, la pequeña es Doña Tecnologías, como bien la rebautizó Rosa, su Ángel de la Guarda, la persona que cada día la cuida y juega con ella.
Mi niña es un crack de las nuevas tecnologías. Tiene dos años y maneja la tablet y el móvil al mismo tiempo. Sabe buscar a sus adorados Caillou, Pocoyó y Mickey en YouTube. Y además no le sirve cualquier capítulo, ella tiene claro el que prefiere ver en cada momento y lo selecciona sin problema. Por supuesto conoce cómo llegar y utilizar la aplicación de hacer puzzles y jugar con los Angry Birds. Pou es su mascota virtual y amorosamente le hidrata con constancia maternal, vamos, que le da agua quiera el bicho beber o no. Le cambia la vestimenta, le pone a "mimir" y activa y desactiva los sonidos. En una ocasión debió considerar que Pou estaba tan primoroso que había que compartirlo... con mis contactos de Facebook y publicó una foto de su compañero de juegos en mi perfil.
Imagino que la simpatía y el amor que tiene hacia sus primos llevó a mi descendiente a enviar un Whatsapp a su primo mayor. Ciertamente el mensaje no tenía mucho sentido para nosotros, pero suponemos que es transcripción directa del lenguaje balbuceo-bebé que utilizaba en aquel momento. Es posible que si vuelve a enviar otro Whatsapp estos días sea mucho más legible, porque ya habla con mucha más corrección castellana.
Como mi vástago es una mujercita de su tiempo, las compras por internet no tienen secretos para ella. Decidida a dar todo a su Pou, compró 12 euros en dinero-pou para poder pagar muuuuuucha agua y mitigar así la sed de su amiguito.
La alta capacidad tecnológica detectada en nuestra hija y su llamativo interés en estos asuntos, nos ha hecho plantearnos a mi marido y a mi la necesidad de aplicar la política del tijeretazo no vaya a ser que la niña, en un descuido, se cuele en el sistema informático del Banco de España y tengamos un problema de desfalco. ¿Cómo le íbamos luego a explicar al Sr. Juez que no tuvimos nada que ver en el asunto y que fue una niña de dos años, que no sabía lo que hacía, la responsable? Eso no se lo cree nadie... lo de que no sabía lo que hacía, digo. Y como somos sus padres y no somos chivatos, fijo que terminábamos nosotros en la cárcel. Hemos aprendido la lección y por temor a actos delictivos en un futuro cercano hemos puesto un bloqueador infantil para impedir que compre por internet. Sin embargo, la cara de concentración que pone cuando salta me hace temer que esté barruntando como hackearlo. Como ejercicio de entrenamiento la vemos practicar todos los días desbloqueando los móviles de la familia. Doña Tecnologías no descansa, es un gran ejemplo a seguir respecto a la autoformación continua.
En el parque, en una cafetería, sentados en un banco en la calle... ves bebés que no han aprendido aún a andar, pero que miran fascinados vídeos de YouTube. Es indiscutible que cada niño tiene sus aficiones y sus habilidades muy marcadas, y que no a todos les gusta el Universo tecnológico. Mis dos hijas son muy distintas. La mayor es igual que yo, prefiere un papel y un rotulador y es bastante torpe con todo lo que huele a instrumento mecanizado. Pero la pequeña... ¡ah!, la pequeña es Doña Tecnologías, como bien la rebautizó Rosa, su Ángel de la Guarda, la persona que cada día la cuida y juega con ella.
Mi niña es un crack de las nuevas tecnologías. Tiene dos años y maneja la tablet y el móvil al mismo tiempo. Sabe buscar a sus adorados Caillou, Pocoyó y Mickey en YouTube. Y además no le sirve cualquier capítulo, ella tiene claro el que prefiere ver en cada momento y lo selecciona sin problema. Por supuesto conoce cómo llegar y utilizar la aplicación de hacer puzzles y jugar con los Angry Birds. Pou es su mascota virtual y amorosamente le hidrata con constancia maternal, vamos, que le da agua quiera el bicho beber o no. Le cambia la vestimenta, le pone a "mimir" y activa y desactiva los sonidos. En una ocasión debió considerar que Pou estaba tan primoroso que había que compartirlo... con mis contactos de Facebook y publicó una foto de su compañero de juegos en mi perfil.
Imagino que la simpatía y el amor que tiene hacia sus primos llevó a mi descendiente a enviar un Whatsapp a su primo mayor. Ciertamente el mensaje no tenía mucho sentido para nosotros, pero suponemos que es transcripción directa del lenguaje balbuceo-bebé que utilizaba en aquel momento. Es posible que si vuelve a enviar otro Whatsapp estos días sea mucho más legible, porque ya habla con mucha más corrección castellana.
Como mi vástago es una mujercita de su tiempo, las compras por internet no tienen secretos para ella. Decidida a dar todo a su Pou, compró 12 euros en dinero-pou para poder pagar muuuuuucha agua y mitigar así la sed de su amiguito.
La alta capacidad tecnológica detectada en nuestra hija y su llamativo interés en estos asuntos, nos ha hecho plantearnos a mi marido y a mi la necesidad de aplicar la política del tijeretazo no vaya a ser que la niña, en un descuido, se cuele en el sistema informático del Banco de España y tengamos un problema de desfalco. ¿Cómo le íbamos luego a explicar al Sr. Juez que no tuvimos nada que ver en el asunto y que fue una niña de dos años, que no sabía lo que hacía, la responsable? Eso no se lo cree nadie... lo de que no sabía lo que hacía, digo. Y como somos sus padres y no somos chivatos, fijo que terminábamos nosotros en la cárcel. Hemos aprendido la lección y por temor a actos delictivos en un futuro cercano hemos puesto un bloqueador infantil para impedir que compre por internet. Sin embargo, la cara de concentración que pone cuando salta me hace temer que esté barruntando como hackearlo. Como ejercicio de entrenamiento la vemos practicar todos los días desbloqueando los móviles de la familia. Doña Tecnologías no descansa, es un gran ejemplo a seguir respecto a la autoformación continua.
jueves, 20 de marzo de 2014
Feliz "Día de la Felicidad"
Muchas veces tardo un rato en pensar el título del post. Hoy no. Hoy era fácil. Simplemente quiero desearle a todo el mundo un feliz día en una jornada como hoy.
Esta mañana he oído en la radio que hoy era el Día Internacional de la Felicidad, y me ha hecho mucha gracia porque no sabía que se celebraba oficialmente. He investigado por internet su origen. Esta es una de las partes que más me gusta de escribir, documentarme. Me enriquece y me encanta.
Resulta que esta efemérides es muy joven, tan sólo tiene dos años de vida. Nació por iniciativa del Reino de Bután, un pequeño país asiático. Según explica la Wikipedia, este estado "reconoce la supremacía de la felicidad nacional por encima de los ingresos nacionales desde principios de los 70, cuando adoptó el concepto de un Índice de Felicidad Nacional Bruta para sustituir al Producto Interior Bruto". La Asamblea General de la ONU decretó la conmemoración de hoy para "reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno".
Como concepto me parece precioso. El Reino de Bután tiene un nombre tan exótico y unas ideas tan "felices", y nunca mejor dicho... que dan ganas de irse a vivir allí, a ese lugar que parece tan zen... pero no, no me voy a ir, que también he leído que aunque es un país democrático no reconocen el sufragio femenino.
Señores de Bután, ésto es una gran incongruencia. Me da a mi que más de una mujer de Bután no es muy feliz con esa prohibición. Digo yo, que aunque no sea por convencimiento moral, al menos sí debería ser por cuestión estadística, pero deberían permitir, ya mismo, el voto femenino, que, seguro, así aumentaría el Índice de Felicidad Nacional Bruta.
Esta mañana he oído en la radio que hoy era el Día Internacional de la Felicidad, y me ha hecho mucha gracia porque no sabía que se celebraba oficialmente. He investigado por internet su origen. Esta es una de las partes que más me gusta de escribir, documentarme. Me enriquece y me encanta.
Resulta que esta efemérides es muy joven, tan sólo tiene dos años de vida. Nació por iniciativa del Reino de Bután, un pequeño país asiático. Según explica la Wikipedia, este estado "reconoce la supremacía de la felicidad nacional por encima de los ingresos nacionales desde principios de los 70, cuando adoptó el concepto de un Índice de Felicidad Nacional Bruta para sustituir al Producto Interior Bruto". La Asamblea General de la ONU decretó la conmemoración de hoy para "reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno".
Como concepto me parece precioso. El Reino de Bután tiene un nombre tan exótico y unas ideas tan "felices", y nunca mejor dicho... que dan ganas de irse a vivir allí, a ese lugar que parece tan zen... pero no, no me voy a ir, que también he leído que aunque es un país democrático no reconocen el sufragio femenino.
Señores de Bután, ésto es una gran incongruencia. Me da a mi que más de una mujer de Bután no es muy feliz con esa prohibición. Digo yo, que aunque no sea por convencimiento moral, al menos sí debería ser por cuestión estadística, pero deberían permitir, ya mismo, el voto femenino, que, seguro, así aumentaría el Índice de Felicidad Nacional Bruta.
miércoles, 19 de marzo de 2014
¡Felicidades, papá!
Cuando era pequeña, en el cole siempre preparábamos un regalo para el Día del Padre. Hace años que cambié las manualidades por algo comprado. El amor que le pongo es el mismo, pero las habilidades no.
Este año he decidido hacer una combinación. Esta mañana le he comprado un libro para regalarle entre los tres hermanos que somos. Lo he elegido con mimo y me he tomado mi tiempo, porque quería que fuese perfecto para él.
Pero además, le quiero obsequiar con este post. Una pequeña manualidad hecha para él, como cuando era pequeña. Le quiero regalar mis palabras.
Mi padre es un hombre castellano. Recio y fuerte. Muy honesto y honrado. De él he aprendido a ser responsable y cumplir con mis compromisos. Tiene un genio vivo y explosivo que hace temblar las paredes de la casa, pero aunque impresiona verle enfadado no asusta porque, incluso durante sus enfados, sus ojos reflejan bondad.
Sí, mi padre es muy bueno. Ha jugado conmigo, me ha aconsejado y me quiere incondicionalmente. Me encanta perderme en sus abrazos y sentir lo mullidito que está. Su carcajada es difícil de arrancar, pero oírla es música celestial. Hemos discutido mucho porque los dos tenemos mucho carácter, pero siempre está ahí.
La edad le ha quitado paciencia y le ha entregado laxante para la lengua. Dice exactamente lo que piensa en cada momento. A mis hermanos y a mi nos hace pasar momentos en los que nos gustaría que la tierra nos tragara, pero se lo perdonamos igual que él nos perdonó nuestros atrevidos comentarios infantiles cuando éramos pequeños.
Hoy he retrocedido en el tiempo y me veo a mi misma entregando ilusionada a mi padre una cajita de cerillas forrada con tela. "Ya sé que no fumas, papi, pero seguro que te sirve para encender una fogata en el pueblo". Y sí, mi padre, aquel papá alto y fuerte de mi niñez, encendió una preciosa fogata donde asó unas moragas riquísimas que nos comimos los cinco, mi familia al completo. Para que luego digan que los regalos del Día del Padre son inservibles.
Este año he decidido hacer una combinación. Esta mañana le he comprado un libro para regalarle entre los tres hermanos que somos. Lo he elegido con mimo y me he tomado mi tiempo, porque quería que fuese perfecto para él.
Pero además, le quiero obsequiar con este post. Una pequeña manualidad hecha para él, como cuando era pequeña. Le quiero regalar mis palabras.
Mi padre es un hombre castellano. Recio y fuerte. Muy honesto y honrado. De él he aprendido a ser responsable y cumplir con mis compromisos. Tiene un genio vivo y explosivo que hace temblar las paredes de la casa, pero aunque impresiona verle enfadado no asusta porque, incluso durante sus enfados, sus ojos reflejan bondad.
Sí, mi padre es muy bueno. Ha jugado conmigo, me ha aconsejado y me quiere incondicionalmente. Me encanta perderme en sus abrazos y sentir lo mullidito que está. Su carcajada es difícil de arrancar, pero oírla es música celestial. Hemos discutido mucho porque los dos tenemos mucho carácter, pero siempre está ahí.
La edad le ha quitado paciencia y le ha entregado laxante para la lengua. Dice exactamente lo que piensa en cada momento. A mis hermanos y a mi nos hace pasar momentos en los que nos gustaría que la tierra nos tragara, pero se lo perdonamos igual que él nos perdonó nuestros atrevidos comentarios infantiles cuando éramos pequeños.
Hoy he retrocedido en el tiempo y me veo a mi misma entregando ilusionada a mi padre una cajita de cerillas forrada con tela. "Ya sé que no fumas, papi, pero seguro que te sirve para encender una fogata en el pueblo". Y sí, mi padre, aquel papá alto y fuerte de mi niñez, encendió una preciosa fogata donde asó unas moragas riquísimas que nos comimos los cinco, mi familia al completo. Para que luego digan que los regalos del Día del Padre son inservibles.
martes, 18 de marzo de 2014
El poder está en tu mente, no en tu cuerpo
"Mens sana in corpore sano". Animada por esta frase me he lanzado al mundo del Tai Chi y el Chi Kung.
¿Qué que es eso? Pues confieso que soy incapaz de describirlo correctamente y con detalle sin acudir a la Wikipedia. Lo voy a hacer de una forma resumida y posiblemente no muy exacta. Pido perdón por adelantado a los puristas y especialistas en la materia, pero mi objetivo es no tardar mucho en contarlo y que se entienda. Vamos que lo que voy a dar es una explicación "de andar por casa". En la actualidad son actividades deportivas de la familia de las artes marciales que centran su atención en la respiración, la concentración y el ejercicio físico.
¿Molón y exótico, no? A mi me encanta. Mi cuerpo se ha librado de las contracturas y me siento ligera como un pájaro.
Pero ésto debe ser como tomar drogas, porque podría ser la protagonista de aquel anuncio de la campaña antidrogas que estaba filmado en dos partes: "Así es como te ves" y "Así es cómo te ven". Estoy segura que yo me veo chachi, pero mi profesor, y todo el edificio en el que se alberga mi oficina, me ven más bien como si fuera Chiquito de la Calzada o, como dice otra de mis compañeras de fatigas, la abuela de Shin Chan.
Todo empezó hace un par de meses. Un grupito de trabajadoras del centro de coworking en el que estamos liamos a un compañero especialista en estas artes para que nos diera clases. Argumentamos que no teníamos tiempo en otro momento de hacer ejercicio y que necesitábamos con urgencia ponernos en forma. Además, el estrés de la vida diaria nos mata, ¿qué mejor que un poco de filosofía oriental para alimentar nuestro espíritu? Nuestro compañero cedió a nuestra demanda. Y aquí estamos, ocho semanas después practicando al aire libre en el patio de la comunidad de vecinos. Fijo que lo flipan, pero nadie que pasa por allí mueve un músculo al vernos en las más elásticas posturas. Visto desde fuera debe ser algo así como un cuadro abstracto.
El pobre profesor no hace carrera de nosotras. Pero moral no nos falta y alumnas entregadas somos a rabiar. ¡Hasta estamos aprendiendo a contar en chino! Estoy de acuerdo con otra de mis compañeras. Según su teoría nosotras hacemos algo así como "copla oriental fusión", que arte y poderío le ponemos un montón. Y no digo nada cuando utilizamos el abanico chino. Ahí somos igualicas, igualicas que un cruce trangénico entre el grupo Locomía y Miguel Bosé con su versión de los 80 de "Amante Bandido".
No desesperaremos, que "el que la sigue, la consigue", y seguro que practicando, practicando llegaremos a ser "Tai Chi Chi Kung Master". De momento estamos en el nivel "Pequeño Saltamontes".
¿Qué que es eso? Pues confieso que soy incapaz de describirlo correctamente y con detalle sin acudir a la Wikipedia. Lo voy a hacer de una forma resumida y posiblemente no muy exacta. Pido perdón por adelantado a los puristas y especialistas en la materia, pero mi objetivo es no tardar mucho en contarlo y que se entienda. Vamos que lo que voy a dar es una explicación "de andar por casa". En la actualidad son actividades deportivas de la familia de las artes marciales que centran su atención en la respiración, la concentración y el ejercicio físico.
¿Molón y exótico, no? A mi me encanta. Mi cuerpo se ha librado de las contracturas y me siento ligera como un pájaro.
Pero ésto debe ser como tomar drogas, porque podría ser la protagonista de aquel anuncio de la campaña antidrogas que estaba filmado en dos partes: "Así es como te ves" y "Así es cómo te ven". Estoy segura que yo me veo chachi, pero mi profesor, y todo el edificio en el que se alberga mi oficina, me ven más bien como si fuera Chiquito de la Calzada o, como dice otra de mis compañeras de fatigas, la abuela de Shin Chan.
Todo empezó hace un par de meses. Un grupito de trabajadoras del centro de coworking en el que estamos liamos a un compañero especialista en estas artes para que nos diera clases. Argumentamos que no teníamos tiempo en otro momento de hacer ejercicio y que necesitábamos con urgencia ponernos en forma. Además, el estrés de la vida diaria nos mata, ¿qué mejor que un poco de filosofía oriental para alimentar nuestro espíritu? Nuestro compañero cedió a nuestra demanda. Y aquí estamos, ocho semanas después practicando al aire libre en el patio de la comunidad de vecinos. Fijo que lo flipan, pero nadie que pasa por allí mueve un músculo al vernos en las más elásticas posturas. Visto desde fuera debe ser algo así como un cuadro abstracto.
El pobre profesor no hace carrera de nosotras. Pero moral no nos falta y alumnas entregadas somos a rabiar. ¡Hasta estamos aprendiendo a contar en chino! Estoy de acuerdo con otra de mis compañeras. Según su teoría nosotras hacemos algo así como "copla oriental fusión", que arte y poderío le ponemos un montón. Y no digo nada cuando utilizamos el abanico chino. Ahí somos igualicas, igualicas que un cruce trangénico entre el grupo Locomía y Miguel Bosé con su versión de los 80 de "Amante Bandido".
No desesperaremos, que "el que la sigue, la consigue", y seguro que practicando, practicando llegaremos a ser "Tai Chi Chi Kung Master". De momento estamos en el nivel "Pequeño Saltamontes".
viernes, 14 de marzo de 2014
Devotos incondicionales
¿Cuándo tenías veinte años, qué es lo primero que hacías cuando entrabas en casa?, me preguntó una vez, no hace mucho, una observadora amiga mientras tomábamos café. Yo, desconcertada, la miré y la dije: "No sé, ¿a qué te refieres?". "¿Tú, cuando llegabas a casa, no preguntabas nada más pasar el umbral de la puerta me ha llamado alguien?". "¡Anda!, pues es verdad", contesté divertida recordándome a mi misma preguntando con ansiedad cada vez que pisaba el hogar paterno.
Al mirar a mi alrededor en la cafetería en la que estábamos y ver a todo el mundo con el móvil cerca o enfrascado en leer y enviar Whatsapps, comprendí las razones que le habían llevado a mi amiga a plantearme la cuestión. "Cómo nos ha cambiado la vida internet y el móvil ¿eh?", apostilló mi compañera de desayuno.
Sí, las relaciones sociales ya no son lo que eran. Me hace muchísima gracia ver como en un bar se reúnen un grupo de amigos y todos tienen el móvil entre las manos. Unos consultan Facebook, otros actualizan su estado en sus distintas redes sociales, otros mandan Whatsapps... De vez en cuando, se miran y comentan sobre sus actividades con el móvil. "Bueno", pienso, "al menos, han hecho el esfuerzo por salir a la calle, vestirse y estar un rato con los amigos, aunque sea así". El problema gordo surgirá, supongo, el día que no seamos capaces de vencer siquiera la pereza de salir.
El otro día quedé con unos amigos y pasamos varias horas sin consultar los móviles. Fue genial, ¡qué libertad!. Creo que deben añadir un día más al calendario mundial de los días festejados: el Día sin móvil.
Al mirar a mi alrededor en la cafetería en la que estábamos y ver a todo el mundo con el móvil cerca o enfrascado en leer y enviar Whatsapps, comprendí las razones que le habían llevado a mi amiga a plantearme la cuestión. "Cómo nos ha cambiado la vida internet y el móvil ¿eh?", apostilló mi compañera de desayuno.
Sí, las relaciones sociales ya no son lo que eran. Me hace muchísima gracia ver como en un bar se reúnen un grupo de amigos y todos tienen el móvil entre las manos. Unos consultan Facebook, otros actualizan su estado en sus distintas redes sociales, otros mandan Whatsapps... De vez en cuando, se miran y comentan sobre sus actividades con el móvil. "Bueno", pienso, "al menos, han hecho el esfuerzo por salir a la calle, vestirse y estar un rato con los amigos, aunque sea así". El problema gordo surgirá, supongo, el día que no seamos capaces de vencer siquiera la pereza de salir.
El otro día quedé con unos amigos y pasamos varias horas sin consultar los móviles. Fue genial, ¡qué libertad!. Creo que deben añadir un día más al calendario mundial de los días festejados: el Día sin móvil.
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